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Ética Profesional

Ver reforma luterana para distinguir el problema hacia el hombre privado y el hombre público.

Ética, estudia los actos humanos en relación al fin propio del hombre.
Moral, estudia los actos humanos en relación al fin propio del hombre.

Ambas estudian los actos humanos, siempre el fin del hombre.

Objeto Material, los actos humanos.
Objeto Formal, el fin último del hombre / perfección / felicidad.
Ética Profesional

Ver reforma luterana para distinguir el problema hacia el hombre privado y el hombre público.

Ética, estudia los actos humanos en relación al fin propio del hombre.
Moral, estudia los actos humanos en relación al fin propio del hombre.

Ambas estudian los actos humanos, siempre el fin del hombre.

Objeto Material, los actos humanos.
Objeto Formal, el fin último del hombre / perfección / felicidad.

Antropología, estudia la naturaleza del hombre.

La relación entre Ética y Psicología, tienen el mismo objeto material, distinto objeto formal.

Diferencia entre Ética Moral – Teología Moral

La ética moral tiene un fin último natural.
La Teología moral tiene un fin último sobrenatural.
EL SUJETO MORAL
El sujeto de los actos propiamente humanos, es el hombre.
Con respecto a su naturaleza, que es el principio de sus operaciones y, en segundo término, el fin ultimo al que tales operaciones se dirigen, esto es la Felicidad.
EL HOMBRE, SU NATURALEZA Y SUS OPERACIONES

Para penetrar mas a fondo en la verdad del hombre debemos hacerlo de la mano de Santo Tomas de Aquino,” el hombre que logro asimilar la sustancia de la cultura y comprensión del hombre llamada a perdurar en el tiempo”.
1. PRESUPUESTOS ANTROPOLOGICOS

¿Quien es el hombre? ¿De que naturaleza es?

• La primera procedente de la tradición bíblica, es la que concibe al hombre como imagen y semejanza de DIOS;
• La segunda, que viene de la filosofía griega, considera al hombre como un microcosmos.
Ambas son convergentes:
La primera, “constitución mas intima y radical del ser humano: el hombre es por sobre todo, imago dei. Y esta imagen divina es fundamento ultimo de su ser.
La segunda, se refiere a lo mismo pero en una consideración más cosmológica (el hombre es parte del universo visible y lo corona.
1.2 EL HOMBRE: LA NATURALEZA HUMANA. NATURALEZA Y RAZON.

EL hombre es racional o viviente espiritual.
(En el hombre se encuentran todos los grados de vida posibles que se hallan en el universo). Así, el hombre, en tanto animal, participa de las perfecciones sensitivas y también, de las vegetativas con lo cual vemos que hay toda una zona del ser del hombre que es común a otros vivientes (animales y plantas). Pero al hombre se añade, además, la perfección racional, es decir la posibilidad de conocer el ser universal y de apetecer el bien universal. Por eso decimos que el hombre es un microcosmos, a saber, es una recapitulación del universo
Racional: constituye lo propio del hombre, lo específicamente. Lo que especifica a una cosa se conoce con el nombre de naturaleza.
El hombre es de naturaleza racional, intelectual o espiritual (tres términos equivalentes).
La razón es la máxima perfección de la naturaleza. El obrar moral se vincula con estos dos términos: la naturaleza es el principio de todas las acciones morales las que están incoadas en la naturaleza y, de algún modo representan una inclinación.
Se puede decir que existe una inclinación a obrar bien y rectamente pero sin la moderación y guía de la razón esa inclinación no alcanzaría su perfección pues en las acciones morales es necesario obrar según la recta razón.
2. LOS PRINCIPIOS DEL OBRAR HUMANO

Distinguimos tres principios a saber:
a) el hábito de los primeros principios del obrar humano.
b) La s potencias o facultades.
c) Los hábitos adquiridos o virtudes
2.1. EL HÁBITO DE LOS PRIMEROS PRINCIPIOS DEL OBRA HUMANO: LA SINDERESIS.

A los principios que son evidentes de suyo y que no requieren demostración, se los llama primeros principios:
• Los del conocimiento especulativo. Por ejemplo, el todo es mayor que la parte, nada puede ser o no al mismo tiempo y bajo el mismo respecto, etc.
• Los del conocimiento práctico (que es el plano moral) se dan también unos principios evidentes llamados primeros principios del conocimiento práctico. Por ejemplo: el bien siempre ha de ser hecho, el mal ha de evitarse.
Estos principios, que son el fundamento de la vida moral, los conocimientos mediante un habito (habito quiere decir disposición, cualidad) natural (es decir, adquirido sino innato) que se llama sindéresis.
La sindéresis es una disposición natural que no pertenece a la categoría de las facultades o potencias que veremos a continuación puesto que se trata de un hábito natural operativo.
• Se la llama conciencia primaria: se la define como el hábito de los primeros principios del intelecto practico.
• Según Santo Tomas: “instiga al bien y aparta del mal en cuanto por los primeros principios procedemos a investigar y juzgamos ‘aquellas cosas investigadas”.
La Sindéresis es como una huella de la ley natural en nuestra alma.
Gracias a ella poseemos una aprehensión primaria del bien que se ha de realizar y del mal que ha de ser evitado.
2.2 LAS POTENCIAS O FACULTADES HUMANAS:

En todo lo que opera es necesario postular un principio de operación.
En los vivientes ese principio de operación es el alma o psiquis.
Aristóteles define al alma como: el acto primero de un cuerpo orgánico que tiene la vida en potencia. También como aquello por lo que primariamente vivimos, sentimos y entendemos.
El alma es el principio de la vida y de las operaciones de un viviente (en nuestro caso, hablamos del viviente hombre). Se trata de un principio general y remoto porque es evidente que no estamos ejerciendo siempre en acto todas nuestras acciones (no siempre estamos conociendo o sintiendo en acto) por tanto, es necesario postular un principio próximo de operación, por el cual tenemos la facultad o capacidad de ejercer o no en acto una determinada operación. Se llama facultad o potencia del alma a este principio próximo de operación.

Las potencias están en el alma, como en su sujeto y son distintas de la esencia del alma.
2.3. ORDEN Y DISTINCIÓN DE LAS POTENCIAS O FACULTADES DEL HOMBRE

Las potencias del alma se distinguen tomando en consideración los actos que el alma ejerce o mejor, que el hombre – compuesto substancial- ejerce por medio de su alma. Así el hombre es capaz de ver, se ha de postular una potencia de visión; si de oír, una potencia auditiva, etc.
A su vez, estos actos se especifican por su objeto: luz, sonido, etc.
Distinguimos en el hombre básicamente tres tipos de vida o dimensiones:
a) Una dimensión vegetativa
b) Una dimensión sensitiva
c) Y otra intelectiva

a) Dimensión Vegetativa
Se refiere a toda esa esfera de nuestro ser, inconsciente e involuntaria, donde tienen lugar aquellas acciones tendientes a la generación y a la conservación del propio cuerpo.

b) Dimensión Sensitiva
Es aquella esfera donde se realizan las transacciones sensibles, esto es, la actividad de nuestros sentidos (vista, oído, etc.), y de nuestras tendencias o instintos (tendencias sexuales, pasiones, afectos, etc.)

c) Dimensión Intelectual
Es la mas alta, la específicamente humana. En ella tienen lugar los verdaderos actos humanos: los actos del conocimiento intelectual y los de la voluntad libre. Es el reino del espíritu y de la libertad del hombre.
Para poder ejercer estas funciones son necesarias precisamente las facultades, también llamadas potencias, a las que hemos definido como principios próximos de operación. Y podemos aún, definirlos como los instrumentos de los que se valen los hombres para el ejercicio de esas funciones.
A cada una de las dimensiones mencionadas corresponden determinadas facultades que resumimos en el siguiente cuadro:
a) Dimensión Vegetativa, tiene por objeto vivificar el propio cuerpo.
Las facultades son:
• Crecimiento o facultad aumentativa, tiene por objeto crecer y aumentar al cuerpo.
• Nutrición o facultad nutritiva, tiene por objeto conservar en el ser a la substancia corporal.
• Generación o facultad reproductora, tiene por objeto dar el ser a la substancia corporal
b) Dimensión Sensitiva, tiene por objeto el conocimiento sensible y el apetito o tendencia sensible. Las facultades son:
• Facultades del conocimiento sensible, (es un conocimiento de un objeto singular y concreto), ellos son los sentidos internos y externos y todos los complejos órganos de la percepción y de la sensación.
• Facultades del apetito sensible, es una tendencia hacia bienes materiales, singulares y concretos. Se distingue el apetito concupiscible (tendencia a bienes deleitables) y el irascible (tendencia a los bienes arduos)
c) Dimensión Intelectiva, tiene por objeto el conocimiento intelectual y el obrar de la voluntad libre. Las facultades son:
• El Intelecto, por él conocemos universalmente, en su esencia, no una cosa en particular, sino en universal. El intelecto tiene dos dimensiones:
o El intelecto especulativo, que aprehende la verdad en si misma
o El intelecto (o razón) práctico, que aprehende la verdad en vista de la acción.
• La Voluntad, por ella deseamos y amamos los bienes universales (Dios, la patria, la justicia, etc.)

Hay que tener en cuenta que todas estas esferas y sus correspondientes facultades actúan simultáneamente y cada una de ellas puede a su vez, influir sobre la otra. Así lo vegetativo influye sobre lo sensitivo y éste sobre lo intelectivo y viceversa.

La voluntad ama y desea el bien.
El intelecto es el que especifica en cada cosa que la voluntad desea, qué es un bien y que no es un bien. De la acción conjunta del intelecto y la voluntad, surge el acto voluntario, que es el acto humano propiamente dicho y el objeto propio de la ética.
Las potencias sensitivas cognoscitivas y apetitivas. Sentidos externos e internos. Apetitos sensibles: irascible y concupiscible.

Potencias sensitivas cognitivas:
A) Sentidos externos
B) Sentidos Internos (sentido común, imaginación, memoria y cogitativa.)

Con relación a los internos, decimos que los tres primeros captan contenidos formales, en cambio, la cogitativa capta contenidos de valor, es decir, la conveniencia o inconveniencia del objeto percibido.
Analicemos, ahora, las potencias sensitivas apetitivas. Es necesaria la distinción entre el apetito natural y el apetito elícito, siendo este último “toda inclinación o tendencia hacia un objeto, que se sigue del conocimiento previo del mismo). Así, primero es conocer algo y luego, como consecuencia, amarlo o aborrecerlo, desearlo o huir de ello.
Dado que hay potencias cognoscitivas sensibles, también habrá un apetito sensitivo. Y, así como las potencias cognoscitivas, sensitivas, tienen por objeto material una cosa, singular y concreta, del mundo físico, el apetito que se sigue de este conocimiento, también tendrá por objeto una cosa singular y concreta, bajo la razón de buena. Así, por ejemplo, un varón se enamora de esta chica, la que tiene características personales; nadie se enamora de una mujer indeterminada, inexistente, porque el hombre tiene que conocer al individuo o a la mujer de manera real y bien definida. No ama una fantasía, sino lo que el cree que es real.

Como mencionamos antes, el apetito entiende el bien de las cosas conocidas, pero debemos discernir entre los distintos bienes.
Los bienes deleitables se nos presentan como cosas que satisfacen alguna necesidad, y por eso causan deleite. En cambio hay ciertos bienes que aparecen como difíciles de conseguir, estos se llaman bienes arduos.
Es evidente que dada la distinción marcada entre los dos bienes, no pueden ser objeto de un mismo apetito. Así, el apetito sensitivo se divide en dos subespecies:
o Aquella que tiene como objeto propio los bienes deleitables, es el apetito concupiscibles
o Aquella que tiene como objeto los bienes arduos, es el apetito irascible.
2.5. Las potencia intelectuales en cuanto que son una cierta naturaleza y en cuanto a facultades racionales. Inteligencia y conciencia psicológica. La voluntad. El libre albedrío. La libertad Humana.
Las potencias intelectuales son dos:
• la potencia intelectual cognoscitiva (inteligencia) y
• la potencia intelectual apetitiva, es decir la voluntad (llamada también apetito racional).
En relación con la inteligencia debemos considerar a la conciencia. La conciencia no es una potencia o facultad, sino un acto (Sto. Tomas).
En efecto conciencia, de acuerdo con la propiedad del vocablo, comporta el orden de la ciencia respecto de algo, pues se llama conciencia a la ciencia con otro y a la aplicación de la ciencia a algo, se hace mediante un acto. Se dice que la conciencia testifica, liga o instiga, también que acusa, remuerde o reprende y todas esas cosas se siguen de la aplicación de un conocimiento nuestro o bien de una ciencia nuestra a aquello que obramos.
Digamos además, que el acto de la conciencia es doble, por un lado vierte o atestigua respecto a algo que hacemos; es ésta la llamada conciencia psicológica.
Por otro, juzga si algo se ha de obrar o no, o si lo obrado es recto o no; ésta es la conciencia moral.
La conciencia no puede denominar un hábito especial o alguna potencia, sino que denomina el acto mismo, el cual es la aplicación de cualquier hábito o de cualquier conocimiento a un acto particular.
Ahora bien, un conocimiento se aplica a un acto de dos modos:
o Según se considere si el acto sucede o sucedió.
o Según que se considere si el acto es recto o no recto.
Para que conozcamos si es recto, existe una doble vía:
a) Una según por el hábito de la ciencia, somos inclinados hacia algo que ha de ser hecho o no ser hecho.
b) Otra, según que el acto, después que es hecho, es examinado a la luz del hábito de la ciencia, si es recto o no
Voluntad
En relación con la voluntad, debemos considerar, el libre albedrío.
Se entiende por libre albedrío: aquello por lo cual el hombre juzga libremente y elige. Juicio libre seguido de elección.
Todo juicio es un acto por lo que puede decirse que el libre albedrío es un acto. El uso corriente llama libre albedrío a aquello que es principio del acto, a saber, de este juicio libre seguido de elección. Este principio no es otro que la misma potencia apetitiva racional, es decir, la voluntad.
Según Sto. Tomás “pertenece a la misma potencia querer y elegir. Y por eso la voluntad y el libre albedrío no son dos potencias sino una”.
La misma voluntad que quiere el bien es la que elige los medios conducentes al bien.
Siempre se ha discutido si en la moral prevalece la inteligencia o la voluntad?
Así en el orden de la causa eficiente, es la voluntad la que prevalece pues sin su acto, nada se mueve; incluso no sería posible si la voluntad no moviese a la inteligencia a conocer
. Pero en el orden de la causa formal, la primacía corresponde a la inteligencia, toda vez que ella especifica y orienta el movimiento de la voluntad.